lunes, 23 de noviembre de 2015

Los Ratoncitos reflexionan

Los Ratoncitos
 

Aprovechando la información que nos brinda Internet, agradecemos de ante mano a la persona que ha compartido esta actividad, la posibilidad de recurrir a la siguiente actividad, en la que hemos trabajado y reflexionado sobre el cuento:

El cuento de los erizos

Vivían en una isla una comunidad de erizos muy singular.
Sabían trabajar la tierra y obtener cosechas y en vez de quedarse cada cual con su parte lo que hacían era ponerlo todo en común: de esa manera lograban que nadie pasara necesidad, nadie se hacía rico más que nadie pero tampoco había pobres ni nadie pasaba hambre.
Compartían además una gran casa común que habían construido entre todos y cuando ésta se dañaba por los temporales todos colaboraban después en repararla, poniendo a disposición de todos sus habilidades, destrezas y saberes sin reclamar pago alguno.
En época de frío se apelotonaban unos con otros a pesar de los naturales pinchazos que se daban debido a esas apreturas con los pinchos de su piel; en épocas de calor se abanizaban también unos a otros y así aminorar sus efectos.
Si alguien inventaba algo que fuera beneficioso... en lugar de patentarlo inmediatamente reunía a todos los demás y les enseñaba cómo lograr lo mismo que él; consideraban que "puesto que la vida es un regalo que nadie puede adquirir para sí mismo antes de nacer... ¿cómo iban a considerar todo lo que con ella venía como una propiedad y hacer negocio con todos los logros que venían gracias a esa vida?".
Y si algún depredador los atacaba ellos formaban una inmensa pelota agarrados unos a otros hasta hacerle huir: el depredador no se atrevía con todos a la vez y temía ser aplastado por ellos que en esa defensa parecían ser todos uno.
Pero cierto día uno de ellos empezó a padecer una curiosa enfermedad:
Tendía a aislarse cada vez más, no compartía sus pequeñas cosas ni su tiempo; se volvía receloso y sólo se acercaba a los demás cuando creía que podía obtener algún beneficio de esa relación.
Esa tendencia fue en aumento, hasta el punto que apenas se le veía siquiera conversar con nadie. Incluso hacía cosas del todo inusual:
Aunque había una casa común en la que todos cabían olgadamente, él empezó a excavar y excavar fuera de la casa, en un lugar apartado de la isla, hasta conseguir fabricar un inmenso espacio vacío dentro de la apretada tierra. Nadie sabía porqué.
Mas pronto se adivinó su intención: Empezó a almacenar en ese gran espacio interior los frutos de sus cosechas, frutos que no compartía ya con nadie desde hacía tiempo.
Al preguntarle sobre ese proceder contestó:
- "Hay que ser previsores; ¿qué pasaría si vinieran años malos y las cosechas fuesen malas?; conviene, pues, ahorrar lo más posible, almacenar riqueza, y así nunca me faltará de nada; vosotros haced lo que queráis, yo voy a ir a lo mío".
Al principio todos le criticaban y se reían de él:
- "Se le van a pudrir los alimentos ahí dentro. Además, ¿cuándo le ha faltado algo a alguien?".
Y optaron por dejarlo estar.
Mas... algunos empezaron a pensar que, quizás, este erizo estuviera en lo cierto y también se preguntaban:
- "¿Y si fueran mal las cosechas?; ... él no va a compartir nada, lo guarda todo para él; así que... si no nos espabilamos y no hacemos lo mismo... puede que nos muramos de hambre".
Y empezaron a comportarse como este primer erizo.
Muy pronto ya todos actuaron exactamente igual: nadie quería quedarse atrás, "nadie quería morir de hambre debido a una mala cosecha: convenía mantener a buen recaudo sus pertenencias y no compartirlas con nadie para que no disminuyeran sus riquezas".
Y llegó el invierno. Siempre habían sido duros, muy duros, y éste no fue ni más ni menos que los anteriores, pero fue duro. Cada erizo se hallaba solo en su gran galería rodeado de todas sus riquezas; nadie quedó en la gran casa de todos, estaba completamente vacía.
Acabó el invierno y todos sus rigores y al llegar la primavera... ningún erizo subió a la superficie de la isla, a pesar del buen tiempo y la belleza de sus campos en flor y llenos de vida.
El silencio en las madrigueras era absoluto y un desagradable olor se estaba extendiendo por toda la isla hasta que, llegado el verano, éste se volvió insoportable.
Los erizos habían muerto todos.
Los erizos no murieron de hambre... sino de frío.

CUESTIONES PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO:
·                     ¿Por qué los erizos permanecían apretados, en épocas de frío, a pesar de los pinchazos que se daban con sus púas?, ¿qué puede significar esta metáfora?. ¿Qué relación tiene esto con nuestra convivencia?.
·                     ¿De dónde arrancó el principio del fin de aquella tribu de erizos?. ¿Cuáles pueden ser nuestros principales enemigos para nuestra convivencia?.
·                     ¿Qué criterio siguieron los erizos ante los riesgos: el suyo propio o el de otros?. ¿Qué criterios tenemos sobre lo que debe ser nuestra convivencia?, ¿cómo la estamos viviendo de hecho?.
·                     ¿En qué puede mejorar nuestro grupo para ser realmente un espacio más fraternal?. ¿Qué estás dispuesta a hacer o poner de tu parte hoy para lograr esa fraternidad que a veces echamos en falta?.