martes, 6 de octubre de 2020

La naturaleza en su estado puro

 EL ÁRBOL DE LAS AVES

En una ciudad había un bosque frondoso y muy acogedor. En las orillas del río vivía un horrible hombre malvado y peludo, el bosque solo lo habitaban aves.

En otoño, el hombre malvado prendió fuego a las hojas de los árboles. Solo un árbol resistió al fuego y no prendió sus hojas. En este árbol se posaban todos los pájaros del bosque.

Llegó el invierno y se cubrió de nieve y frío, los árboles y  el bosque entero. Pero el árbol nuevamente resistió y los pájaros volvieron a posarse en el.

Pero llegó la primavera y entonces todos los árboles se llenaron de hojas. Los pájaros del bosque se van a posar en su árbol amigo y cada pájaro que muere, deja una pluma en la rama donde se posó.

 


A ese árbol le llaman el árbol de las plumas.

 


Todos los de la ciudad acordaron un posible ataque contra el hombre malvado.                                     

 Toya

 

lunes, 5 de octubre de 2020

ENREDADOS

 

Persigue tus sueños

 LOS SUEÑOS SE PUEDEN CONSEGUIR

Queridos niños y niñas ¿Cómo estáis? ¿Cuántos de vosotros tenéis la ilusión de hacer algo maravilloso o la habéis tenido y ya se ha cumplido? Que levanten la mano, por favor. Madre mía, veo muchísimas manos levantadas.

Creo que todos tenemos la ilusión de hacer algo importante.

Sí, en esta vida siempre tenemos sueños, sueños que se pueden cumplir y sueños que se quedan en eso, en sueños.

Os voy a contar la historia de una niña que tenía uno de esos sueños…

Había una vez una niña que le encantaban los animales. A sus papás siempre les decía que cuando fuera mayor quería dedicarse a curar y cuidar animales. Sus papás le decían que para lograr ese sueño tenía que estudiar mucho y que era muy difícil. Pero a ella no le importaba, ella estudiaría mucho para poder alcanzar el sueño de ayudar a los animales.

Así fueron pasando los años y la niña se aplicaba mucho para sacar buenas notas en el colegio, la maestra Doña Gertrudis estaba encantada con Josefina, así se llamaba la niña.

Un día su clase del colegio hizo una visita al oceanográfico de Valencia y Josefina disfrutaba más que nadie viendo como nadaban los peces, las rayas-mantas tan majestuosas, los tiburones tan grandes y fieros. Le fascinaba ver cómo los buzos les daban de comer, esas imágenes se quedaron grabadas en su retina ¡Qué mundo más bonito! Por la tarde les llevaron a ver los pingüinos, las focas, las morsas y los delfines, con lo grandes y pesados que parecían y cómo se movían en el agua, qué maravilla.

Pero hubo algo que le cautivó cuando miró a los ojos de los delfines, su mirada era triste y vacía. Por los altavoces se escucho una voz metálica que dijo “el espectáculo de los delfines dará comienzo en 15 minutos”

 


 

-¡Los delfines! - Exclamó Josefina. – Vamos, vamos que eso me encanta, cuando sea mayor me bañaré con los delfines.

 

Todos y todas se fueron corriendo a ver las piruetas y los saltos de los delfines. A cada salto o pirueta todo el mundo aplaudía y ella no iba ser menos. Aplaudía con tanta fuerza, que acabo con las manos rojas. Al final del espectáculo estaba emocionada, pero no podía quitarse de la cabeza los ojos del delfín que la miraba como pidiendo ayuda, esos ojos tristes y desesperados.

En el autobús de vuelta a casa, Josefina estuvo pensando el por qué de la tristeza del delfín.

Le preguntó a Doña Gertrudis: ¿Por qué parecían tan tristes los delfines a pesar de todas las piruetas de daban?

Doña Gertrudis le respondió: Los delfines son mamíferos, como nosotros, tienen vínculos familiares muy grandes y su espacio natural es el mar. Los han traído aquí para el disfrute de la gente como nosotros, para ello los han separado de su familia y de su hogar y les han enseñado a hacer monerías para conseguir una recompensa, creo que por eso están tan tristes.

A Josefina se le llenaron los ojos de lágrimas al escuchar eso. Imaginó la tristeza que debían sentir los delfines. Llegó a su casa un poco desolada, su madre al verla le preguntó: ¿Qué ha pasado? ¿No lo has pasado bien?

Josefina respondió: Ya sé lo que quiero ser de mayor, contestó ella.

Finalmente Josefina consiguió su sueño. Ahora Josefina tiene 26 años y es la jefa fundadora de una organización contra el tráfico y explotación de los delfines, vive en una isla soleada y su trabajo consiste en impedir que capturen a los delfines. Los estudia, les pone nombre, los cuida y vigila. Todos los días se da un baño en mar abierto con sus compañeros los delfines, incluso han aprendido a jugar con ella al escondite. Así fue como Josefina alcanzó su sueño de cuidar a los animales.

Disponemos de varios caminos para alcanzar un único sueño.

¿Y vosotros? ¿Tenéis alguno?

Chiqui 

viernes, 2 de octubre de 2020

Uno, dos y tres...


 

Burrito es diferente

BURRITO

Una mañana de primavera, la cigüeña apareció por casa del señor y la señora Burros, 

por fin iban a ser papás.

Al abrir el paquete de la cigüeña se dieron cuenta de que el Burrito solo tenía una oreja. Los papás de Burrito no pudieron dormir en toda la noche pensando que su hijo Burrito sería diferente y todos se burlarían de él.

Pero Burrito tenía una ternura especial, por eso todos los del pueblo estaban encantados con él.

Sus padres fueron asimilando el defecto de Burrito cuando se dieron cuenta de que Burrito era el animal más feliz y alegre del mundo.

             Luisa

jueves, 1 de octubre de 2020

¡A jugar!

 


Solo hay que querer para poder...

 “LA FAMILIA LOS             MANOLOS”

Erase una vez, un cuento donde había una familia que vivía en una aldea, donde no vivía nadie. Esa fue la razón por la que se fueron a buscar una choza, donde debían estar los animales. Así encontraron una aventura.

 Eran tres de familia: un abuelo muy alto y robusto; una anciana muy mayor que estaba ciega e iba vestida de negro hasta los pies, llevaba un pañuelo en la cabeza; y una niña que le gustaba mucho charlar, llamada  Manuela. El abuelo se llamaba Manuel. Tenían también unas vacas y unos terneros.

 Encontraron una explanada con una choza y un poco más adelante una casa abandonada. Allí se instalaron, pero faltaba una cosa, alguien tenía que sacar las vacas a pastar. Entonces tuvieron que preguntar si había alguien que pudiera sacar las vacas y los terneros a pastar. Encontraron a un niño que también se llamaba Manuel y una niña que iba en una silla de ruedas, que la cuidaba una mujer que se llamaba Ruperta.

 Este niño hizo muy buenas migas con la niña por lo que iba muy pronto, por las mañanas y por las tardes, a soltar a las vacas. Hasta que un día se le ocurrió ir a levantar a la niña que cuidaba Ruperta. Y la niña se levantó, cuando Ruperta la vio dijo: Santamaría de la Cabeza, menudo susto me has dado. Entonces todos se fueron de aquel lugar.

  Y colorín y colorado este cuento se ha acabado.

Trini